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Viernes, 22 de Junio de 2007
Una cantaora única
Carmen Linares
R.R.S.
Intérpretes: Paco Cortés y Miguel Ochando, guitarras; Rafael Villanueva, violín; Tino di Geraldo, percusión; Pedro Esparza, Flauta; Julio Blasco, contrabajo; Ana M.y Javier González, palmas; Carmen Linares, cante
Lugar y fecha: Festival Únicas. Palau de la Música (21/VI/2007)
Desde que sonaron las primeras estrofas de la canción Los Peregrinitos se pudo apreciar que Carmen Linares vino al festival barcelonés dispuesta a demostrar sobradamente que merece estar en esta serie de conciertos: es, en verdad, una cantaora única.
Carmen dedicó la primera mitad de su concierto a ese extraordinario puñado de temas del folklore andaluz que el gran escritor y amante del flamenco Federico García Lorca recuperó, evitando la posible decadencia o desaparición de unas joyas populares.
Sin lugar a dudas, esta gran artista jienense se ha identificado tanto con esas obras que las ha hecho suyas: Las morillas de Jaén, El Zorongo gitano, El café de Chinitas, Los cuatro muleros, Anda jaleo... son temas de uno de los mejores discos grabados por Carmen Linares. Un disco de total
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referencia para la cultura y el flamenco. Hemos de agradecerle que, arropada por todo su amplio grupo acompañante, nos dejara oír de nuevo esas joyas que ella canta como nadie. Carmen las bordó en su concierto del Palau.
Jondura en la segunda parte
Pero no todo fue folklore. El flamenco -la jondura, el compás, el cante sabio, la gracia, el quejío, el pellizco y los mil rasgos de este arte- ocupó toda la segunda parte.
Se arrancó la cantaora por cantiñas de maravilla. Siguió por tarantas con profundidad, para entrarle después al cante más jondo, soleá, toná, seguiriyas, magníficamente cantadas, con lucida participación de las sonantas de Cortés y Ochando, cerrando el concierto por bulerías donde todos participaron con mejor o peor suerte.
Debo señalar que en algún momento el sonido no estuvo bien mezclado, oyéndose algunos acoples molestos y, en algún momento también, se apreció un pequeño velo de afonía en la voz de Carmen, especialmente en la primera parte. Nada importante, todo eso fue pecata minuta al lado del arte, el saber estar, el señorío y la simpatía de una cantaora única por derecho propio que recogió los más cálidos aplausos del público barcelonés.
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